martes, 30 de marzo de 2010

Cuando cierro mis ojos.



Cuando cierro mis ojos.


Cuando cierro mis ojos me libero al momento
de todo lo que inunda y aturde mis sentidos
y me quedo yo solo, sin sentir lo que siento
con el ruido de fondo de mis propios latidos.

Me permite el silencio que yo mismo he creado
reconstruir los hechos que han marcado mi vida
rememorar despacio las cosas del pasado
y dibujar de nuevo mi línea de partida.

Recorreré la senda que me brinde el destino,
porque quiero olvidarme de mi pasada etapa
sin quejas ni argumentos, descubriendo el camino
de la verdad sencilla que la razón destapa.

He de buscar la suerte de los hombres valientes,
de aquellos que vacilan pero jamàs se esconden,
que se enfrentan audaces a los inconvenientes,
y nunca hacen preguntas pero siempre responden.

Cuando llegue el momento de hacer frente a la duda
pensaré en el silencio de mis ojos cerrados
si tengo que hacer caso a la verdad desnuda
o asumir por entero los errores pasados.

Sólo habrá una respuesta que tenga consistencia,
que resuelva la duda, que me traiga mudanza,
aquella que refleje la voz de mi conciencia
y en mis ojos cerrados aliente la esperanza.

domingo, 28 de marzo de 2010

A Frederic Mompou.



Cançó i dansa nº 6


Me encuentro tocando, Frederic
tu danza pausada, lenta,
apenas un débil latido del corazón;
son mis dedos los que tiemblan
al no poder medir tu emoción interna
en notas arrancadas de lo profundo de ti,
sonar de tu íntimo campanario,
expresión de tu contención y reserva.
A veces una nota leve, tímida
que parece diluirse, solitaria,
entre los acordes medidos
de tu caudal de pretérita emoción.
Y luego la danza otra vez,
unas pocas notas,
otra vez el repique triste de campanas,
como expresión del drama de la vida,
un tañido humilde de tu juventud,
apenas perceptible
y una nota grave, aislada, espléndida,
cerrando tu danza final.



Homenaje a Frederic Mompou


miércoles, 24 de marzo de 2010

XIII.- Antonio Machado.

Alamedas del Duero.


En mis manos sostengo la lectura,

para que nunca pueda abandonarme

la pasión por el arte y la cultura,



pues si es preciso habré de condenarme

por haber intentado leerlo todo

y entre un montón de libros sepultarme;


no concibo encontrar distinto modo

de alegrar el sentido de mi vida,

que andar leyendo, desbrozando el lodo



para lavar la imagen sustraída

del más leal cantor del pueblo llano,

pura esencia en el aire diluida.






Antonio Machado en sus últimos años.


Escuchándole, Gloria, de tu mano

todavía recuerdo la emoción

de conocer a Antonio, tan cercano,


distante del fulgor de Juan Ramón

mas tan profundo, delicado y tierno

que nunca olvidaré la sensación


que me produjo aquel lejano invierno

su profunda canción al olmo herido

leída con tu aquel tono materno.


Mas ya no soy un niño consentido

y estoy aquí, Antonio, adolescente,

buscando la razón de tanto olvido,


tratando de encontrar, en el ambiente

del café de las sorpresas, vestigio

de tu verbo de acción polivalente,


defensor de la paz con el prodigio

de una poesía audaz y verdadera

que sube enteros sin perder prestigio.


En tu Castilla mística y guerrera

de llanos altos, montes y roquedas

¿habrá llegado ya la primavera?





En el café de las sorpresas.



No quiero aún moverme si te quedas

conmigo en el café para contarme

el espeso verdor de las olmedas


que bordean el Duero, emocionarme

con el débil temblor de los sembrados

que tu palabra supo dibujarme,


o recibir con los ojos cerrados

ese sabio romance campesino

escrito entre montes y collados


que recordabas tú, el peregrino,

diciendo adiós a ríos y arboledas

en la senda de tu letal destino.



Ahora que estamos juntos y te quedas

sorberé poco a poco tu talento

pues tengo todavía unas monedas

para tomar café desde mi asiento.


XII.- Miguel Hernández.

Solitudinem fecerunt, pacem appellant (Publio Cornelio Tácito)


Es difícil borrar de la memoria
esas voces tan nobles, escondidas
en las brasas ardientes de la historia,

esas hondas ideas recibidas
por los más pobres, millonaria audiencia
de esas mentes del todo esclarecidas,

que ahora, en pleno albor de adolescencia,
voy buscando con ojos despejados
después de terminarse mi inocencia.

Así, recurro a libros olvidados
rechazando discursos laterales
y busco la verdad en los sobrados

para encontrar los ecos inmortales
de poetas insignes que anduvieron
por sendas y caminos personales.

Quiero buscar la paz que no tuvieron,
habitar sus estancias y sus versos,
transitar la verdad que recorrieron,
,
ser su amigo, lograr que sus diversos
libros y poemas, siendo perdidos,
encuentren el lugar que merecieron,

recuperar su voz en mis oídos
y descubrir su impulso desbordante
en favor de los siempre sometidos.

Ya no puedo perder ningún instante,
es el alma quien manda, es la locura
del encuentro febril y apasionante,

es la invasión total de la lectura;
entre el aire y el mar, sobrevolando,
llega la voz de la literatura.









Miguel Hernández y su esposa Josefina.


¿Puedes ser tú, Miguel, quien está hablando,
eres tú quien me llena de alegría,
es mi imaginación rememorando

tu rayo que no cesa, o es el día
en que encontré tu alma desbordada
por la fértil pasión de tu poesía?

En esta ya fecunda madrugada
en que comienzo a percibir el sueño
de contemplar tu obra vislumbrada

la cuesta de los libros tiene dueño,
es un adolescente principiante
que persigue tu sombra, y en su empeño

por encontrar en algún perdido estante
el silbo vulnerado, alas nacen
y vientos sobrevienen al instante.

La imagen de tu huella la deshacen
las tristes carcelarias humedades,
y los silencios negros que te hacen,

pero tú, escritor de tus edades,
el poeta más puro y verdadero,
verás, dentro de mí, eternidades.

Me duele el alma, y grita el cuerpo entero
subiendo por la calle de la Huerta
al descubrir un viejo paradero.

¿donde asentar mi alma casi yerta,
si no puedo habitar el Ateneo,
antes inmenso con la puerta abierta,

ahora cerrado por masón y ateo,
sus ventanas con rejas muy espesas,
encadenado como Prometeo?




El café de las sorpresas.
Me siento en el café de las sorpresas,
las que en mi infancia llenaron los días;
de Gloria Luna y yo; sobre las mesas,

las tazas llenas de melancolías,
hablábamos a solas con Platero,
de alegres mariposas y poesías.

Ya no trabaja aquí mi camarero
al que llamaba Lucanor con la malicia
de un niño respondón dicharachero

y nunca olvidaré con qué delicia
leíamos despacio las andanzas
de la maravillosa niña Alicia.

¡Cuánto soñar , qué bellas esperanzas,
cómo volamos juntos hasta el cielo
entre versos, canciones y enseñanzas.

y cómo cuando alzábamos el vuelo
cogidos de la mano hacia delante
sentíamos la paz en nuestro suelo.

Aquí, en mi café, con gran talante,
leí, años después, en valenciano
a un Tirant lo Blanc, casi un gigante,

recordando al quijote castellano
que con alta emoción y edad madura
tantas veces sentí sobre mi mano.
¡Dos vértices de la literatura!







lunes, 22 de marzo de 2010

XI.- Mi primer paseo por las calles.


Antes miraba hacia dentro. Ahora, de frente, hacia fuera.( Blas de Otero )


Paseo por calles deshechas,
junto a casas muertas donde
se refugian los vivos,
hay niños que leen
en los ojos de sus madres,
hoy mortecinas brasas,
antes fulgentes, rojas,
llameantes esperanzas,
y me esfuerzo en comprender
y no me atrevo a preguntar.

Ya no hay tiernas flores en mi alma, ¿qué dios me ha cambiado la hora,
cómo he podido descender del paraíso con un vértigo tan veloz y doloroso?

Ya no tengo madrugadas,
sólo anocheceres
y las calles me alumbran
de lunas y luceros
en su frialdad nocturna,
creando sombras que parecen gigantes
donde antes había una vida pequeña
pero de intensa fuerza y color.

¿Cómo recuperar el paraíso para encontrar la palabra que aquí residió
mientras mi niñez adormecida aprendía balbuceante las raíces de mi idioma?


Me niego a pasar el umbral del ensueño
y refugiarme en el olvido,
repaso la memoria de los días
y necesito adentrarme en esta realidad
que considero toda mía
y renuncio a salvar la memoria
sin estudiar las voces, los gestos,
los cantares y los romances de mi pueblo.


Ahora paseo las calles con esfuerzo,
repentinamente cansado,
respirando un olor que duele,
dolor y olor entreverados,
de angustia y tristeza inmensurable,
no sé si estoy lejos o cerca
de mis dos amados universos
por el amor y el odio derrotados.

¡Las ramas de los árboles lloran lágrimas porque no tienen pájaros,
son, quizás, heridas sin curar que gotean resinas sin dueño!

domingo, 21 de marzo de 2010

X.- Mis primeros amigos, el Conde Lucanor y Patronio.



Et la razon me da entender que el Parayso es lugar conplido de todo plazer, por que es lugar spiritual, que es en Dios et Dios en el, et a conplimiento de todo bien, et non puede en el auer mengua, et que fue et sera para sienpre sin fin.


El conde Lucanor y Patronio.

Yo seguiré tu palabra,
soy un niño de diez años
¿me estás hablando en el aire,
desde el libro, en el espacio?
creo que a ti sí te entiendo,
quizás no esté muy seguro
pero seguiré leyendo.

¿Y si no me entiendes tú
y mi esfuerzo no me vale?
yo quiero hablar con Patronio,
decirle que estoy contento
por descubrir sus historias
y quiero que le convoques
para escuchar su consejo
y me resuelva mis dudas
y me preste su talento,
para que pueda seguir
conociéndole y oyendo,
porque todo lo que cuente
lo iré desde ahora entendiendo.

¿Dices que en el paraíso
se encuentra todo el placer,
que allí Dios es siempre Dios,
por toda la eternidad?

Creo entender tu palabra,
ahora comprendo la idea,
el placer es la lectura
y el paraíso es el libro
desde el que me estás hablando.


***********

Et entendiendo don Johan
que estos exiemplos eran muy buenos,
fízolos escribir en este libro,
et fizo estos viesos en que se pone
la sentençia de los exiemplos.
Et los viessos dizen assí»:

"leyendo los libros casi todo se consigue, la historia de este ejemplo es esta que se sigue"


********************************************************************
Libro de los enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio.
********************************************************************

Ilustración de Gabriel Pacheco tomada de su blog para El Conde Lucanor, Editorial Teide, Barcelona, 2009.

IX.- El comienzo de la lectura.




A mi madrina Gloria de Luna

Como un montero de recia traílla,
un ciervo adentrándose en la espesura,
o un águila parcelando la tierra,
así pude lograr desde mi infancia,
salir del hondo sueño padecido
y preparar mi luz de adolescente.

Durante aquel tiempo, gracias a ti,
en el café de las sorpresas,
compartiendo tú y yo
los libros y las mesas,
intuí la verdad de las palabras,
jugué con ellas inconscientemente,
y fui siguiendo, sin querer, la huella
de los que dicen con el pensamiento
y escriben la verdad de lo que piensan.

Las puertas se abrieron suavemente
y bajaron despacio a contemplarme
los dioses, los creadores, los poetas,
diciéndome en voz baja confidencias,
bañándome de luz con sus relatos.

En mis manos pusiste la fortuna
que a sólo los lectores beneficia,
deslumbrante mensajera de Zeus,
irredenta mujer republicana,
el sol de la poesía en los trigales,
y la lluvia fresca en la hierba nueva.

En el espejo, finalmente roto,
de tu límpida y terminal mirada,
pude ver siempre tu profundo amor
por los libros, que entonces me cediste.
Así, de niño, tan dispuesto y tierno,
mi amor por la lectura conseguiste
¡gloria de luna ¡ay! de luna plena,
tú fuiste Gloria, en mí, la Luna llena!






jueves, 18 de marzo de 2010

VIII.- Si no me habláis...

La ciudad destruída.



El viejo cementerio general del sur de Madrid.



La calle Cea Bermúdez en Madrid al terminar la guerra.


Quocumque aspicio, nihil est, nisi Pontus et aer

Si no me habláis…


Abro mis ojos, contemplando los árboles
de las calles desiertas, vertiendo lágrimas
de tristeza nueva desde la ventana abierta
de mi soledad personal, dejando que la mirada
resbale lentamente por sus ramas,

y huyendo, quizás un breve instante,
por encima de las copas de las acacias,
rasando las terrazas y tejados de la ciudad
hasta llegar al límite del campo, seco y estéril,
sembrado de derribos y rastrojos.

Mi ciudad ha sido destruida por la guerra,
acabo de comprenderlo al ver sus ruinas,
al percibir el silencio de sus calles,
impregnadas de un olor rancio y denso,
y mis sentidos se enturbian ante esta realidad.


Barbarus hic ego sum, quia non intellegor ulli


Mi palabra se vuelve triste, ausente, lejana,
en una fuga intuitiva hacia el jardín de mi infancia
entonces lleno de plantas verdes y arriates
y ahora una nebulosa de ensueños y figuras,
un esbozo de vivencias distantes y borrosas.

Me encuentro frente al horror sin equipaje,
vacío de mis ideas trasnochadas
inundado por dudas, arrebatado por el dolor
que me produce realizar lo que presencio,
sin recursos, sin razones, desnudo ante la tragedia.

Si no me habláis no puedo comprenderos,
si no os comprendo un puedo amaros,
si no os amo mi vida no tendrá sentido
y la nueva ciudad que emerja sobre las ruinas
no será habitada por mí, sólo por el aire.

Mis ojos, nuevos ante esta realidad disforme
abiertos, profundos, y al mismo tiempo lejanos,
con la humildad de los que nada tienen que suplicar
intentarán recuperar las imágenes de siempre
y proyectarlas sobre mi confusa y desencantada visión actual.




Citas en latín de Publio Ovidio Nasón.

VII.- Búsqueda y encuentro.

¿ Habrá suerte mejor que ser la ceniza
de que está hecha el olvido? JL Borges






Búsqueda y encuentro.


Despierto de repente de mi sueño profundo en mi adolescencia
y no puedo hablar con vosotros, ni conoceros,
habíais partido, y no puedo encontrar vuestra palabra.

¿dónde estáis? ¿cómo inicio mi búsqueda?

No me detiene ahora la belleza clásica,
la bucólica de Teócrito,
la perfección de Virgilio,
ni el atractivo misterio del medioevo,
el laberinto del barroco,
o la inteligencia poética occidental;
quiero la verdad de mi instante, recién llegado a mi mundo,
en mi camino hacia mi integridad,
en busca de vuestra materia poética, que necesito
para situarme en el entorno que me corresponde
por mis ideales, por mi temperamento,
por mi amor inalienable hacia la verdad y la vida.

A la palabra corresponde darme respuesta,
a mí la búsqueda de vuestro pensamiento,
a ellos, sólo a ellos “ay” el arrepentimiento, la vergüenza, el desasosiego.

Con inquebrantable fortaleza en la búsqueda poética,
investigo en las librerías de viejo, en los romances de los pueblos,
en los libros ocultos de mis padres,.en las bibliotecas,
y me invade un temblor, quizás un estremecimiento,
cuando leo vuestros versos, sin respirar,
absorbiendo el hálito personal que llega hasta mí,
impregnándome con la fuerza de vuestra
inmensa, personal, irrepetible identidad.

¿Cómo explicar que ya no debo buscar,
que os encuentro tan cerca de mí,
diluyéndose vuestra estatura poética
en mi mente y en mi corazón?

Yo asumo también la culpa del silencio, del desmayo integral,
de la mirada sesgada hacia otros espacios y, al encontrarme con vosotros,
anonadado por vuestro espíritu poético,
repaso con avidez la palabra que me viene, ahora sí, en oleadas
de espléndida y hermosa creatividad.

Cuando transcendéis en mi alma abriéndose mis puertas desde adentro,
ángeles etéreos os anteceden desde el espacio,
¿son mis cuatro ángeles mayores, Miguel, Rafael, Uriel, Gabriel,
quienes me han dado el poder hermenéutico para absorber vuestra palabra,
o es que mi espíritu estaba dispuesto y mi voluntad enunciada?

¡Que todo el universo descienda sobre mí,
que mi poesía se convierta junto con mi cuerpo
en la ceniza de vuestro olvido y logre nuestra síntesis
transformarse en una palabra única y liberadora!

miércoles, 17 de marzo de 2010

VI.- ¿ Qué se hizo de ellos?

Fotografía de Jorge Luis Borges.

¿Qué se hizo de ellos?

No vieron la bandera blanca
y no pudieron arrojarse al mar
émulos del paternal Egeo,
porque llegaron furiosos vendavales,
ideas fragmentadas, divisiones de amor,
y, sin avistar la última blanca esperanza de Teseo,
tuvieron que dibujar los mapas del destierro,
fundirse en el plomo,
llenar sus pulmones con el moho de la humedad
o recoger su sueño en un ¡ay! último estertor
de olvido y desamparo.

¿Qué se hizo de vosotros, alondras de las madrugadas,
vencejos del atardecer?

En el silencio de la noche oscura, del olvido,
ya no hay cánticos, sólo la quietud del mar,
el eco de un rumor lejano de voces hondas,
y vuestra memoria.

Nada puede enjugar las lágrimas de Calíope,
cerrada su voz personal y prodigiosa
por ese silencio de muerte o lejanía,
hijo de la intolerancia vital,
fruto quizás de una higuera seca nacida
en el barro de los odios y las distancias.

Lejanos ahora, cuando tan próximos y certeros otrora,
intensos poemas que quisieron ranciar ¡ay! los exaltados,
búsquedas de la verdad truncadas por el odio estéril,
¿qué se hizo de la sustancia eterna de vuestros versos?

¿Por qué matar la vida cuando nace, por qué… ?




Recuerdo de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado.




martes, 16 de marzo de 2010

V.- Muerte en la trinchera.



Muerte en la trinchera.

¿ De qué vaso bebiste, soldado,
el barro de tu trinchera,
dónde dejaste tus alas,
alondra de fantasía?

Dime…allá en el fondo,
¿limpiaste el lodo que cubre tus alas
o seguirás volando un instante
y elevarás tu vaso
para brindar por tus amigos,
ahora que sí están contigo,
en el barro ¡ay¡ de tu defensa de muerte?

¿Fuiste capaz de beber tu vaso
gota a gota
o brindasteis juntos
soñando, idealizando, uniendo
la muerte y la victoria,
vosotros, perdedores absolutos,
sin medios para escapar del terror,
sin alas, sin luz, sin esperanza.,
sumidos en el barro sucio
de un exasperante agujero sin salida.?.

¿Dónde quedaron los himnos y banderas,
las voces, las canciones, las arengas?

El silencio llegó por delante
de un rumor lejano de salvas artilleras,
nubes de plomo barridas por un viento
de odios, y enfrentamientos lejanos
que llegaron puntuales,
interpretando una sinfonía completa
de estruendo y de dolor.

El beso de amor de despedida,
que dejó impregnados de amor tus labios,
ahora esculpidos por el barro,
quedó prendido en la alambrada,
sin tú poder recuperarlo,
en tu imprevista, letal, caída en la trinchera.



lunes, 15 de marzo de 2010

IV.- El bombardeo.




El bombardeo.


Un vómito mortal que cae del cielo,
la oscuridad, el pánico, la urgencia,
la angustia de los niños sin consuelo,
el apresuramiento, la conciencia
de huir casi desnudos sobre el suelo,
el alud colectivo, la inmanencia.
del ulular continuo de sirenas
y un frío medular en nuestras venas.

La calle se llenó con el escombro
de las paredes rotas o caídas,
al miedo se unió el pasmo y el asombro
y la aceleración de las huidas,
persona con persona, hombro a hombro,
sobre las piedras nuestras derruídas
todo fue una explosión, una locura
con luces de nereidas en la altura.

De repente un silencio fulminante,
un mal olor espeso y comprimido,
una impotencia vana y vergonzante,
el llanto de los niños, un gemido,
el silencio, la rabia desbordante,
el abrazo final a un ser querido,
su cálida mirada compartida
y el regreso final hacia la vida.


Fue tan rápido todo y tan violento
que apenas pudo nadie consolarme
y, siendo niño, tuve un sentimiento,
que siempre tendré miedo al acostarme
porque no sé si llegará el momento
de no poder huir a refugiarme
sin pánico, sin miedos, sin alerta,
en el regazo de mi madre muerta

.

III.- Los niños de la guerra.




Los niños de la guerra.


Nosotros hemos sido los niños del olvido,
los niños de la guerra que, entre ruinas y zanjas,
comimos algarrobas y mondas de naranjas
y tuvimos la suerte de haber sobrevivido.

Fueron nuestros amigos los niños y las niñas
de las calles, las plazas, los refugios nocturnos,
a la comba saltamos en la acera por turnos
y fuimos camaradas de juegos y de riñas.

Nuestros juguetes fueron muñecas recortables,
soldados de papel, camiones de hojalata
y los rayos del sol y las estrellas de plata
y los atardeceres bellos e inolvidables.

El orí, las tinieblas, el bote, el tú la llevas,
la comba, el cruz y raya, el guá y el escondite,
el parchís y las damas fueron nuestro desquite
de las hambres antiguas y de las penas nuevas.

Vecinos nuestros fueron el hambre y la violencia
la soledad y el miedo, el gemir de sirenas,
las sesiones nocturnas de las radiogalenas,
la rabia, la venganza, la burla, la demencia.

Un huracán de vientos arrasó nuestra tierra,
algunos de los niños con ellos se marcharon,
algunos no volvieron, algunos se quedaron
y todos, sin saberlo, perdimos nuestra guerra.




domingo, 14 de marzo de 2010

II.-La casa de Belalcázar, donde nací.




La casa de Belalcázar
era un lugar mágico
donde cantaban los mirlos,
reían y cantaban los niños.

Desde sus ventanas
se veían las acacias,
las moreras, los plátanos,
un castaño de indias
y el árbol del amor
;un árbol frondoso
que nos protegía
sin darnos cuenta.

Cuando los niños nacían
y entraban en la casa,
eran recibidos por gorriones,
mirlos, caracoles y mariquitas,
un olor a jazmines y madreselvas,
aire puro, cielo azul,
un denso silencio de ciudad,
sendas de adoquines,
farolas de gas
y un soplo helador
del Guadarrama milenario.

La casa de Belalcázar
era un lugar de encuentros,
de esperanzas, de sueños
y no tenía puertas, ni cerraduras,
ni portillos, ni llaves;
tenía, en cambio, escaleras abiertas
con barandillas de madera,
un jardín con arriates,
un cedro del Líbano,
un rosal trepador,
un piano vertical, un perro,
y siete corazones latiendo.

La casa de Belalcázar es ahora
un barco que navega
entre la bruma del tiempo
sobre un mar de silencios
y en su cubierta se oyen,
cada vez más tenues,
cada vez más lejanas,
las risas y las canciones de los niños.






________________________

I.-Mi nacimiento.






Mi nacimiento.






Era una noche clara, luz de luna creciente,
el Guadarrama hacía las veces de frontera
de los primeros rayos del sol de primavera
y el canto de los mirlos se anunciaba inminente.

Y yo nací, supongo que de una forma mágica,
fruto de un artificio que nunca fue aclarado,
desnudo, vacilante, y muy desconsolado
bajo una luz hiriente de lámpara trifásica.

No recuerdo detalles, yo soy desmemoriado,
pero, según contaron los que pudieron verme,
mi tórax era fuerte, costaba sostenerme,
era largo de piernas y bastante delgado.

Nunca sabré la razón del llanto de mi gente
al ver un nuevo intruso en medio de su vida,
fueron quizás sus gotas licor de bienvenida
o el agua bautismal para el nuevo ser naciente.

Los mirlos entonaron un canto melodioso,
la luz de la alborada entró por las ventanas,
mis ojos se durmieron al bajar las persianas
y caí fulminado por sueño comatoso.

El café de las sorpresas.



Ab imo pectore.


Queridos amigos: os agradezco mucho vuestros ánimos y vuestro cariño que he recibido para ayudarme en mi operación de cataratas. La operación es fácil, pero es incómoda en mi caso, y necesitaré todavía algún tiempo para volver a leer y escribir.

Por ello he pensado, con objeto de seguir estando presente en el blog, publicar lo ya escrito del poemario que llevará el nombre de "El café de las sorpresas".

Insertaré un poema diario que, al mismo tiempo, servirá para que los que deseen seguir el tema, puedan leer en orden sucesivo los poemas, e incluso recordarlos si ya los hubiesen leído anteriormente.

Este poemario forma parte de un proyecto que, como sabéis, estoy realizando, y tiene por objeto reflejar mis sentimientos de adolescente ante la gran tragedia sufrida por nuestra Guerra Civil, sin haberla casi vivido y sin haber tenido la oportunidad de entender lo que nadie nunca me pudo explicar personalmente.


No se trata, por tanto, más que de sentimientos personales sin ningún matiz político y, seguramente con la indefinición de un adolescente amante de la cultura. Mi objetivo no es realizar ningún análisis crítico, sino poesía personal. A lo largo de esta serie de poemas trataré de profundizar sobre cómo conocí a los poetas y escritores de aquel tiempo y los beneficios que recibí de ellos.

Gracias de nuevo por vuestro contacto personal. Un abrazo cordial.

.

martes, 2 de marzo de 2010

Ausencia.

Queridos amigos: durante un tiempo estaré ausente para operarme de cataratas. Volveré en cuanto pueda. Un abrazo.